miércoles, 6 de julio de 2011

CAPITULO VII El inicio de la batalla

A los pocos días mi padre volvió al trabajo, creo que es lo mejor que pudo hacer, volver a su rutina, pero él seguia igual. No mediaba palabra, no lloraba, sólo tenia una expresión en el rostro de tristeza infinita.
Mi madre se tiró unos dias en cama, sin querer comer, sin querer hablar, sin querer vivir. Se vistió de negro absoluto y cuando se levantó era completamente un alma en pena. Yo tambié me vestí de negro, no sé por qué, quizá por respeto a la tradición, dejé el trabajo. El télefono de casa no paraba, las visitas tampoco. Si de algo me dí cuenta en ese tiempo es de la gente que tenía a mi lado.
La familia era una piña, todos preocupados, me llamaban, me ayudaban con todo lo que hay que ir atando despues de una muerte. Y yo empecé la lucha.
Desde los juzgados empezaron a llamarnos a declarar, a los familiares, a los vecinos, a los amigos... y empezamos a descubrir el verdadero infierno en el que vivía mi hermana. Pepe estaba en prision provisional y se empezaron a analizar pruebas.
El desconocimiento por mi parte de como funciona un juzgado y todo lo que conlleva un delito de este tipo me hacía pensar que iba a ser rápido y fácil. Como en las series de televisión, si están las pruebas pues es culpable y ya está. Estaba muy equivocada. Por aquella época un primo mío estaba terminando derecho, y él me hacia esquemas de todo el procedimiento. Le pedía a Miguel Angel, nuestro abogado todo lo que cayera en sus manos, quería estar informada de todo.
Decidí copiar cada folio del expediente en un archivo de Word, buscando en el diccionario cada palabra que desconocía, me sentía completamente analfabeta, pero no deje de preguntar hasta el extremo. Nuestro abogado siempre ha tenido mucha, mucha paciencia conmigo.
En paralelo y desde el primer día los medios de comunicación estaban siempre en contacto con nosotros. Jamás llamé a ningun medio y aún habiendo cambiado de numero de telefono en varias ocasiones siempre daban conmigo. Me convertí sin pretenderlo en la portavoz y abanderada de la familia. Al principio venian a grabar a casa, o si era prensa escrita no habia problema pero la primera vez que me llamaron para ir a televisión uf¡¡ por poco me da algo. Un magistrado de Granada,  conocido de la familia, nos aconsejó que los medios de comunicación nos podrian ayudar ya que el delito sería juzgado con un jurado popular. A si que con mucha mano izquierda empecé a moverme por los medios.
La primera participación televisiva fué en la televisión autonómica, en un programa de tarde. Estaba muy nerviosa pero intentaba expresarme lo mejor posible, con mucha cautela y aguantando siempre las lágrimas. Me trataron muy bien, aunque me sentía completamente extraña en ese mundillo, personajes famosos y artistas andaban alrededor mío, como personas normales, que no digo que no lo sean pero como simple espectadora crees que son algo mas, pero no, normales y corrientes. Algunos simpaticos, otros mas secos en caracter, pero gente de a pie. La mayoria siempre me ha tratado con sensibilidad y respeto. Jamás he llorado en televisión, no he querido dar pena nunca, ese no era mi objetivo. Sólo quería que se hiciera justicia y que el asesino de mi hermana pagara por lo que había hecho.
El pueblo también se volcó con nosotros, promovimos manifestaciones con varios miles de personas pidiendo justicia, sobre todo cuando a los tres meses Pepe salió de prisión bajo fianza. A su hermano le tocó el cupón de la once, ironias del destino, y salio a la calle. Él podía irse donde quisiera mientras fuera a firmar semanalmente al juzgado, pero se quedó en el pueblo, en casa de su madre, frente a nuestra casa.
Cuando me lo crucé por primera vez me quedé paralizada, un escalofrío recorrió mi cuerpo y un sinfin de sentimientos agolpados. Odio, pena, sed de venganza, miedo.... no podía dejar de mirarlo, y él me insultó, me amenazó diciendo que me tenía que ver en el mismo sitio que mi hermana. Agaché la cabeza, me pudo el miedo y me fuí en dirección opuesta.
No quería volver a sentir esas sensaciones, pero revivian cada dia que lo veía y era casi a diario.
Me quité el luto pronto, no podía mirarme al espejo, cuando me veia tan de negro mi alma caía al suelo, tenía que luchar y el negro no me dejaba. El primer día que me vestí de color recuerdo que me paré un una cafetería de la que era cliente habitual a tomar un café, y empecé a oir cuchicheos a mi paso.
- " mira, esa es la hermana de la que tiraron por el balcón... vaya pena tendrá que ya no lleva ni luto"
No me lo podía creer, y seguí escuchando rumores, en el último sorbo de café no aguanté más, giré la cara y altaneramente le contesté:
- No tienes ni idea de la pena que tengo, solo te deseo que no te veas nunca en mi situación.

No tenía nada más que decir. La verdad que si siempre la opinión de la gente me era indiferente en la situación en la que me encontraba pues más todavía. Bastante tenía ya en la cabeza como para preocuparme en habladurias. Y en la cabeza lo único que tenía ( mil cosas para conseguirlo ) era como podia hacer justicia y que ese hombre pagara por lo que había hecho, por lo que estaba haciendo.
Mató a mi hermana, arruinó mi vida y enterró a mis padres y a mi familia en la más grande de las penas.
Le odiaba por todo ello, y no conseguía llorar, seguía sin poder hacerlo. Me sentia culpable por no llorar, como explicar que amas a tu hermana y no puedes llorar su muerte. Cuando llegaba a casa intentaba sobre todo dar animos a mis padres, haciendome la fuerte, ocupandome de todo, abogado, policia, prensa, televisión...estaba demasiado ocupada, en un estado de estrés permanente. Fumaba y fumaba...casi 4 cajetillas al dia, no pensaba en las consecuencias, no podia pensar en mi.
Yo ya no tenía vida, ninguna, mi vida era la lucha en cuerpo y alma, no habia amigos, no había salidas ... solo pena y lucha.