viernes, 25 de marzo de 2011

CAPITULO IV Tristeza

Cuando Merchi me contó aquello me cabreé y mucho, yo pensaba que aunque Pepe no me caía bien, ellos como pareja se compenetraban y tenían una relación perfecta. Claro lo que no me imaginaba es que mi hermana me contaba de la misa la mitad.
Pasaron unos días y la situación estaba igual, yo le preguntaba a mi hermana ¿ te habla ? ¿ ha pasado algo ?
- No, no me habla, me ignora, se sienta en la mesa para que le ponga la comida y no me mira ni a la cara.
me decía.
Llegó el sábado y Merchi llamó a casa:
-Tata ¿está papá en casa?
-Si Merchi, está aquí, ¿por qué ?
- Coged unas cajas y venid a por mi, vuelvo a casa.

¡Perfecto! me alegré de la decisión, cogimos cajas de cartón, la furgoneta y nos fuimos para su casa. Cuando llegamos Pepe estaba en el salón, mi padre al entrar le dijo:
-Pepe, ¿que ha pasado?
- Ahí tiene usted a su hija, se la puede llevar.
- No te preocupes,-contestó mi padre- claro que me la llevo, ella tiene su casa.
Yo me puse con mi hermana a recogerlo todo, ropa, sábanas , toallas... era definitivo, Merchi se venia a casa para separarse.
Entré al salón a recoger cosas, él estaba allí sentado, viendo la tele. Sólo le dije una cosa:
- Como le hayas puesto la mano encima te corto los huevos.
El soltó una carcajada, sólo eso. No añadí nada más.

Esa noche la pasamos despiertas, hablando y llorando. Recuerdo una frase de mi hermana que no me entraba en la cabeza.....¿que voy a hacer sin él?
Vivir, le contestaba yo, tienes sólo 25 años, vivir Tata, vivir.
Entre lágrimas al fin se quedó dormida. Y yo no paraba de pensar, ¿ cómo se puede querer tanto a alguien? ¿ será eso el verdadero amor? Ella no sabia que hacer, pensaba que su vida estaba rota, que era una vergüenza que su matrimonio no hubiera funcionado, se sentía culpable de todo lo que había pasado. Y según me había contado fué por una tonta discusión y mucho orgullo.
A mis 18 años yo no lo veía claro. ¿ que había que pensar ? No iba a ser ni la primera ni la última en terminar su matrimonio, ¿ por qué era tan traumático?
Amaneció, me levanté a por un café mientras Merchi dormía, estaba destrozada, cuando vi el coche de Pepe llegar a casa.
- ¿Que haces aquí? Vete, mi hermana no quiere verte. Ya te llamará el abogado.
- Quítate de en medio niñata, esto no es asunto tuyo. Quiero hablar con ella.
Yo me puse a gritar echándolo de casa, pero salió mi madre y me dijo que no me metiera. Mi hermana salió y se fueron a dar un paseo y a hablar.
No habían pasado ni dos horas cuando volvieron. Ella venía sonriendo y me dijo:
- Tata me voy para mi piso, ¿ me vas a ayudar mañana a colocar las cosas?
No me lo podía creer, miraba a Pepe y él me clavaba la mirada de odio y prepotencia como diciendo: Ahí te quedas, me he salido con la mía.
Que iba a hacer, le dije a Merchi que si, que mañana la ayudaría y ya está.
Mis padres quedaron muy contentos con la reconciliación, y yo todo lo contrario. En los siguientes meses mi actitud con Pepe volvió a cambiar radicalmente; dejé de hablarle de nuevo. Sólo iba a casa de mi hermana si él no estaba.
En la hora del bocadillo le preguntaba a mi hermana todos los días, ¿ qué ? ¿como vais? y ella me vendía una película preciosa,:
- Pepe a cambiado, me ha comprado un regalo, nos vamos de vacaciones a Tenerife, me trata como una reina- me decía con una sonrisa.
Pero no, no me lo creía, su mirada era triste, muy triste. Y cuando dejaba de sonreír sólo se veía tristeza en su rostro.
Ella sólo tenia una amiga, una de verdad, Conchi. Muchas tardes al salir del trabajo yo la llevaba a su casa con la moto. Me caía bien, se notaba que le tenía afecto a mi hermana.
Había muchas cosas que no me cuadraban con la película de felicidad que Merchi me contaba. Por ejemplo, cuando me compraba un regalo, por mi cumpleaños o reyes, siempre me pedía que lo mantuviera en secreto, que no quería que Pepe se enterara. ¿ Por qué? ¿no le puedes comprar nada a tu única hermana?, le preguntaba yo. Me contestaba con excusas, justificando que él era muy ahorrativo y no quería gastar dinero.
Descubrí que Merchi veía a escondidas a Conchi, ya que él le había prohibido la amistad. Le espiaba incluso las llamadas.
Pero....¿cómo puedes permitirlo? , le preguntaba. Y es que yo era la rebelde, me decían mis padres. En un matrimonio hay que aguantar y ceder. "Eso es así de toda la vida de Dios" Una de las frases preferidas de mi madre. Lapidaria y definitiva en cualquier conversación.

Intenté mantenerme al margen, por que cada vez que daba mi opinión la loca era yo. Vivía mi vida como mejor podía, trabajaba, salía y entraba a mi antojo...
Tenia una moto amarilla con unas pegatinas con el numero 13, algo discreto, acorde a mi personalidad. Los fines de semana no me daba tiempo a nada, si no tenía campeonato de billar, tenía alguna actuación con el coro y el viernes y sábado noche eran para salir de fiesta.
Y que fiesta, disfrutaba de lo lindo. No era muy guapa ni tampoco muy buen tipo pero con mi labia.... ligaba lo que quería. Seguía sin querer enamorarme, los chicos como los pañuelos de papel, de usar y tirar, y tampoco se enteraba nadie. Y si se enteraban me daba igual la verdad. Las habladurías de pueblo nunca me han importado mucho. Me gustaba mi vida. Le contaba a mi hermana mis aventurillas, dimes y diretes y a ella le encantaba. Me decía que disfrutara, que eso era lo que me iba a llevar. Pero en el fondo yo la envidiaba a ella, tan trabajadora, justa, honrada e inocente. Cuando reía lo hacia sin complejos, como las carcajadas de un niño, abierta y sonora.

martes, 15 de marzo de 2011

CAPITULO III Lo que me dé la gana.

Una semana al año, casi todos los veranos me iba a Barcelona. Me tiraba todo el año esperando esos viajes.
Los días que pasaba allí son todos inolvidables, desde que me subía en el tren en la estación de mi  pueblo era todo una aventura. Siempre cogía el "Estrella Gibralfaro", un tren nocturno de compartimentos de 8 personas, preparando las maletas ya me temía a con quien me iba a tocar. Mis padres me dejaban en la estación, con miles de recomendaciones, "cuidado con el dinero, no hables con nadie, no te fíes de nada...." y yo como buena adolescente ignoraba sus consejos. En uno de los viajes de ida me tocó con unos hippies, pero de los buenos, de los que no se depilan y tienen un olor extraño, mezcla a rancio y marihuana. Me lo pasé genial hablando con ellos las 10 horas de trayecto. Me encantaba observar a los viajeros e imaginarme sus vidas, fumando entre vagón y vagón pasaban ante mi abuelas, ejecutivos, catetos (como yo) y todo tipo de fauna. Hice amistad con uno de los revisores, me contaba cientos de historias ocurridas en el tren, yo escuchaba fascinada y admiraba su vida viajera.
Los días allí eran otro mundo, o al menos así lo sentía yo. Educada y criada en un pueblo grande, la mentalidad era completamente distinta. La forma de vestir, de vivir al día, el estrés de las grandes ciudades... en cada rincón respiraba libertad. Raquel y su familia me trataban como una reina, " ya está aquí la cateta". Cuando quedábamos con sus amigos me encantaba entrar en debates sobre el radicalismo y el nacionalismo autonómico, aún con mi corta edad ya era una buena oradora y digna de mantener buenas conversaciones, modestia aparte. En fin, a los feos se les gratifica con buena labia.
Parte de esos días también me iba a casa de Rocío, ella vivía en una ciudad dedicada completamente al turismo y eso si que era otro mundo aparte. Pasear por ella era como caminar en la torre de Babel. Mis ojos abiertos a mas no poder no daban crédito a lo que veían. Eso ya no era libertad si no libertinaje¡¡  Una "pueblerina" por allí, se me notaba a la legua que la forastera era yo.

El resto del año mi vida era mucho mas rutinaria pero no menos emocionante. En la fábrica en la que trabajaba con mi hermana eramos casi 100 compañeros, la mayoría mujeres.
Mi labor allí fué muy variada, se puede decir que ejercí casi todos los puestos de la cadena. Dedicada al diseño, confección y distribución de moda infantil, los siete años de mi vida que pasé allí no tienen desperdicio. Empecé en el control de calidad, abrochando botones y haciendo lacitos a los vestidos, pasé por el almacén ejerciendo funciones de mozo, por diseño preparando los muestrarios... en fin. Pero el puesto que mas me gustaba, aunque el más duro, era la plancha. Eran 10 duras horas en una plancha industrial como las de las tintorerías. Planchando a toda velocidad por que había que llegar al tope de objetivos, era genial, una fila de 20 mujeres uniformadas con bata blanca, con la radio de fondo entre el ruido de las maquinas de vapor y las mesas de aspiración, y entre todo ese ruido alguna compañera más y yo cantando, me picaba con Rosa que cantaba muy bien a cantar copla, el jefe, José se apollaba en un carro de prendas a mirarnos y controlarnos que lo hacíamos bien, y en alguna ocasión soltaba un olé que otro. Cuando tocaba la sirena del desayuno salíamos pitando, solo eran 15 minutos. Yo me subía corriendo a la oficina para pasar ese ratillo con mi hermana. Al salir la mayoría de los días la llevaba a su casa con mi moto. La verdad, echo de menos esos tiempos. La comida de navidad era genial, nos juntábamos todos y siempre terminabamos con una juerga flamenca. Los días siguientes estaban siempre llenos de cotilleos de todo lo que había sucedido. Que si fulanita con menganito... que hay que ver que cogorza llevaba la otra... en fin, se echa de menos ese buen ambiente.
Yo tenia un medio rollete a escondidas con uno de los del almacén pero un rollete sano. A ver, yo no he sido de tener novio, ni lo he querido. He sido de hacer lo que me daba la gana. Salía los fines de semana con mis "amigas" a pasármelo bien. Si me gustaba algún chico y encartaban unos besos pues estupendo, pero al día siguiente  por mi parte si te he visto no me acuerdo. Me negaba completamente a enamorarme.
Mi madre me reñía diciendo que me iba a quedar solterona, por que claro si tienes mas de 18 años y no se te ha conocido novio formal, pues casi tienes la vida echada por alto. Mentalidad de pueblo, eso es así. Yo le contestaba diciéndola que me iba a quedar soltera para cuidarla a ella que ni se le ocurriera prepararme ajuar.
Pero para mucha gente yo era una oveja negra, no quise estudiar, me corté el pelo a rape, fumaba,me hice el primer tatuaje.. una rebelde vamos. Y así me veían también mis amigos, siempre he tenido una personalidad muy marcada, nunca he seguido las modas ni las corrientes musicales  y mucho menos los grupitos de gente con estilo marcado. Era un poco perro verde pero muy feliz. Me gustaba jugar al billar, me iba a entrenar cuando salia del curro y algunos fines de semana jugaba campeonatos, se me daba bien y me sentía importante ya que no era muy normal que una chica se aficionara a ese juego, era un entorno completamente masculino. Otra de mis aficiones era cantar, empecé a moverme por entornos flamencos, participaba con un coro romero y también tenía alguna que otra actuación en solitario. Se me daba bien.
Me encontré entonces con 3 grupos de amigos completamente distintos y sin ningún lazo de unión entre ellos, pero yo encantada. No tenía tiempo para nada entre unas cosas y otras y tenia una gran vida social la verdad.

Y llegó la boda, un 16 de marzo Merchi y Pepe decidieron casarse. En la iglesia más importante del pueblo y casi con 400 invitados. En casa teníamos a varios de ellos. La mañana de la boda la verdad me levanté sin ganas de nada. Mi hermana se levantó temprano para irse a la peluquería y yo bajé con la moto al pueblo a por las alianzas que estaban encargadas y a ultimar algunos detalles de las flores. Cuando mi hermana regresó de la peluquería ya la estaba esperando el fotógrafo y corriendo acudimos a vestirla mi madre y yo. Cada vez que la miraba a la cara yo solo tenía ganas de llorar. Estaba feliz, mi hermana parecía una niña pequeña subida en una noria, ilusionada, emocionada, con una sonrisa preciosa posaba como una princesa para las fotos. La luz de sus ojos iluminaba toda la casa. Yo no podía mirarla, cada vez que lo hacía se me saltaban las lágrimas, no sé por que. No eran lágrimas de alegría y tampoco de nerviosismo, no sé, pero simplemente era un nudo intragable en la garganta que no me dejaba ni respirar. Y se casó, entre todos los invitados yo pasé completamente inadvertida o así lo quería yo. Merchi estaba tan feliz, nunca la volví a ver sonreír así. Venían a comer a casa todos los domingos, y aunque nos veíamos todos los días en el trabajo, compartiamos horas de conversación y de secretos, mi hermana siempre fué mi defensora. Le decía a mi madre que me dejara vivir, que tenía la cabeza bien amueblada aunque ellos ( mis padres ) no lo creyeran. Yo la admiraba a ella, era el ejemplo a seguir para cualquier adolescente. Merchi no fumaba, no bebía, era super responsable y educada, inteligente y tenaz. De cara a la galería un ejemplo a seguir de mujer trabajadora y excelente esposa y ama de casa. Eso era lo que ella nos vendía.
Hablabamos de muchas cosas pero nunca me contaba nada de su relación de pareja, lo respetaba por que Pepe no era santo de mi devoción.
Llevaba un par de años casada cuando un día en el trabajo al notarla con ojeras y mala cara me confesó por fin que tenía problemas. Me contó un episodio que le había pasado unos días antes y que desde entonces Pepe no le hablaba y ella se sentía impotente por que no sabia que más hacer.
Por fin empezó a desahogarse conmigo, una noche en la que estaban cenando en su piso mientras veían la televisión, comenzaron a discutir, no me contó muchos detalles de ésta pelea pero Pepe terminó espurreando una botella de vino por las paredes y el techo y con una frase lapidaria terminó la discusión. " ahora como eres una mujer lo limpias y lo friegas todo, y cuando termines, te acuestas en el sofá, que si tengo ganas de follar ya te avisaré yo"

lunes, 7 de marzo de 2011

CAPITULO II El cambio del patito feo

Se suele decir que el cambio de niña a mujer se produce sobre los 12 años, yo cumplí los 12, los 13 y alguno más y seguia siendo esa niña regordita, con gafas gruesas y el pelo muy largo. No tenía complejos, y nunca los he tenido.
Entre mis compañeras de colegio no era nadie a destacar, pasaba inadvertida entre el "grupo de deportistas" entre las "guays" y tampoco se me podia clasificar entre las mal vistas.
Me dareis la razón cuando digo que en tu pubertad o formas parte de un sector o no eres "nadie". Yo no lo era, pero tampoco me importaba, el formar parte de algo no era mi objetivo. Nunca tuve problemas con ninguna compañera, me solía apartar en las discusiones, pero tampoco forjé gran amistad con ninguna. Hoy miro atrás y recuerdo a algunas con nostalgia y pienso, ¿por que no hablé más con fulanita? ¿ por que no me dejé ver tal y como yo era? Tampoco es que me arrepienta de no haberlo hecho, simplemente transcurrió así, eso no quita que no guarde gratos recuerdos de la época, alguno que otro hay. Mis notas no superaban la media, no era deportista y al estar interna tampoco tenia muchas relaciones sociales. Lo lógico en esos años es quedar por las tardes con las compis en la plaza y comer pipas, yo eso me lo perdí.  En lo único en lo que destacaba era en la música.
 Mi hermana ya estaba terminando administrativo en esos años, estudiaba y trabajaba a la vez. Envidiaba su constancia, se iba al instituto a las 8 de la mañana, se salía de las clases una hora antes y se iba a trabajar a una fabrica de confección hasta las 10 de la noche. Cuando llegaba a casa con las muñecas abiertas de doblar camisetas, cenaba y corriendo a estudiar, la recuerdo de madrugada en la mesa del dormitorio con una taza de café y el flexo encendido haciendo cálculos sin parar. Parecía incansable, ella me reprochaba mi ley del mínimo esfuerzo, decía que como no aprovechaba la facilidad que tenia para estudiar, nunca lo hice. La noche antes del examen me leía la lección y poco más, con eso me bastaba para el suficiente.
Me saqué el graduado sin pena ni gloria, entregué el uniforme en el colegio el último día y ni siquiera fuí a recoger el título. Me daba como grima volver a cruzar esas puertas.
Y empecé el instituto, un cambio abismal, colegio mixto, ropa normal, empecé a sentirme yo misma.
En 3º de Secundaria me presenté incluso para representante del alumnado en el consejo escolar, ¡ y me eligieron ¡  Era popular¡ Destacaba en inglés y música, sobre todo en música, por mi forma de cantar. Me llevaba mejor con los chicos que con las chicas, no sé por que la verdad.
Terminé la Secundaría y decidí que no quería seguir estudiando, ahí empezó el cambio.
Mis gruesas gafas se convirtieron en lentillas, mi larga melena por un corte radical a lo "garcon" y mi estuatura ya superaba la media. Mi timidez por descaro , poder de decisión y personalidad ya muy marcada.
Empecé a trabajar en una empresa de confección de ropa infantil, mi hermana trabajaba allí en la oficina desde antes de terminar sus estudios. Por fin la diferencia de edad entre ambas llegó a pasar desapercibida. Empezábamos a ser amigas, amigas de verdad. En ese  año ella ya tenia planes de boda. Era su ilusión, bordó sus toallas con las iniciales de los dos, preparó el ajuar con esmero, se la veía plena de felicidad. Pepe lo era todo. Él era operario en una fábrica de envases, deportista, sano, educado, vamos el novio que todo padre quiere para su hija. Un chico formal y conocido de siempre.
Aún así yo no lo tragaba, no sabría decir muy bien por qué pero no era santo de mi devoción. Cuando venía a casa el procuraba ejercer como de padre , a ver si me explico, me broncaba por mi forma de ser, me decía que como mi padre me podia permitir todo lo que me permitia, que era un calzonazos por dejarme fumar, por salir y entrar a mi antojo...
Una tarde de verano, creo que era fin de semana, mis padres no estaban en casa. Yo estaba sola, estaba leyendo y fumandome un cigarrito al sol, cuando llegaron Pepe y mi hermana. Al llegar mi hermana me regañó por no haber tendido la ropa que estaba en la lavadora y le dije que ahora lo haría, ella se metió en casa y él empezó a regañarme también, como la mayoría de las veces pasé de él diciendole lo tipico...
- que me dejes chaval, que a ti no te importa, paso de ti.
y él más se cabreaba, empezó a gritarme y por lo tanto yo a él también, me importaba muy poco su estatura y su genio, mi orgullo  me enervaba mas todavía cuando empezó a nombrar a mi padres culpándolos por mi "pereza" y "mala educación", en un momento y sin saber como me levantó la mano de forma amenazante, ¡me quería pegar¡ y ahi fué cuando ya estallé.
Mi hermana salió de la casa alarmada por los gritos, y me encontró echándolo literalmente de mi casa. Le pedí las llaves de casa,  que las tenía no se por qué, y le dije que se fuera. Merchi intentó mediar entre nosotros pero sin resultado. Pepe se fué entre lágrimas de mi hermana. Nunca imaginé las consecuencias de aquella discusión.
Intenté consolar a mi hermana, ella lo defendía diciendo que los dos teníamos mucho caracter y que por eso chocabamos, que intentara saberlo llevar, que a Pepe había que saber tratarlo, que era su forma de ser.
Desde mi orgullo adolescente mi respuesta fué, " pues aprende a llevarlo tú, el perro no es mio" "yo no tengo por que aguantarlo" Ni siquiera mis padres me han levantado la mano de forma amenazante nunca, tenia muy claro que no se lo iba a permitir a nadie, y mucho menos a él.
Las consecuencias de este episodio dieron mucho de si. Tuve la correspondiente bronca de mis padres, y mi hermana la bronca de su novio ( hoy dudo en los términos de aquella bronca ). Pepe no venía a casa si yo estaba, si mi hermana esperaba su visita me pedía por favor que me fuera a dar una vuelta o a tomar un café, yo encantada por no tener que cruzar palabra con él.
Pero mi relación con mi hermana no cambió, al contrario, creo que se estrechó aun más.
Pronto empezó a acercarse la fecha de la boda, y Merchi me pidió que limaramos asperezas. Y lo intenté, lo hice. Aunque él y yo jamás volvimos a hablar de aquel episodio, volvimos a hablarnos. Él creyendo que yo lo había olvidado todo, volvió con su actitud de "colega paternalista", yo, que para nada habia olvidado, le dirigía la palabra con respeto y sin mucho aprecio la verdad.
Empecé a observar su actitud, su forma de ser, y cuanto mas veia, más me incomodaba su presencia.

Yo ya tenia mis 16 añitos, y convertida en una "mujercita" ya salia por la noche con mis amigas y empezaba a tontear con los chicos, bueno amigas, en realidad hoy cuento con los dedos de una mano las que son amigas de verdad, pero en aquella época eran buenas amigas. Rocío se fué a Cataluña antes de empezar el instituto, sus padres emigraban como los mios para buscar un futuro mejor. Ella si era mi amiga, es mi amiga. La distancia reforzó aun más nuestros lazos. Seguiamos compartiendo nuestros mayores secretos, confidente y "hermana" siempre juntas aunque con 1000 km nos separaran.
Me reencontre con Raquel, aquella vecinita catalana con la que compartía juegos en mi niñez y con la que comía canelones. Un verano mis padres me dejaron viajar sola a Barcelona, pararía en casa de mis tias, pero tendría la oportunidad de estar con Rocío y Raquel. Fué estupendo. Después de 10 horas de tren en un viaje nocturno, llegué a una ciudad que aunque nueva para mi, me embargaba de recuerdos y anhelos. Bebí en la fuente de Canaletas de la mano de mi primo Kiko, y desde ese verano intenté volver todos.  Mis primos, casi todos mayores que yo, eran de la generación de mi hermana, y musicalmente compartí con ellos muy buenos momentos y algún que otro secretillo de mi hermana je je. Los días que pasaba con Raquel subiamos a su "torre" y me trataban como una reina, "la cateta" me siguen llamando, y con mucho orgullo¡¡ Daría mi mano derecha por Rocio y mi mano izquierda por Raquel. Eso son amigas.

jueves, 3 de marzo de 2011

CAPITULO I Mi infancia

 De padres emigrantes nací en Barcelona en el verano del ´79. Mis padres, andaluces, emigraron recién casados a tierras catalanas buscando un futuro mejor. Papá encontró pronto trabajo, oficial de la construcción y amante de su profesión no tardó en formar parte de una buena empresa en la que trabajando duro día a día se iba forjando un futuro. Mamá se quedó embarazada enseguida y a los 9 meses de estar en Badalona, nació mi hermana Merchi. Aún vivian en un pequeño pisito de alquiler en un sótano con mucha humedad y pasando fatigas, pero pronto fueron prosperando.
Papá iba ganando lo suficiente para vivir, compraron un pisito, un coche y se podian permitir ir al pueblo de vacaciones varias veces al año. Mi hermana tenia ya 7 años cuando yo llegué. Nunca me han dejado claro si fui una hija buscada o encontrada, el caso es que cuando nací mis padres vivian relativamente bien.
Habrá quien dude de nuestros recuerdos de la infancia pero yo recuerdo perfectamente muchos detalles de mi vida cuando aún no alcanzaba los 4 añitos.
Nuestro piso tenia una terrazita desde la cual se divisaban 3 grandes chimeneas de una industria, esa terraza cuajada de geranios era el mejor espacio para jugar con mi hermana, pasabamos las horas cantando, leyendo y jugando. Antes de cumplir los 4 años yo ya sabia leer, mi Tata (hermana) me enseño, le encantaba leer y contarme cuentos.
En nuestro bloque, en la puerta de enfrente vivian Carmen y Fernando, parece que estoy oliendo los canelones que preparaban los domingos. Apenas me despertaba salia corriendo a su puerta para estar con Raquel, su hija. Algo mayor que yo pero gran amiga y compañera de juegos. Tengo muy buenos recuerdos de la época.
Aún no habia cumplido los 5 años cuando mis padres decidieron volver a Andalucía. La explicación de ese regreso hoy en día sigue siendo que "la tierra tira". Mi padre se justifica un poco mas diciendo que no quería que sus hijas crecieran en Cataluña, que aprendieran catalán y echaran raices alli.
Yo sigo pensando que como se dice vulgarmente "dos tetas tiran mas que dos carretas" y me explico.
Mi madre, mayor de 8 hermanos, queria estar con su familia. Sigue teniendo la mentalidad de "clan". Y es como ella dice " la familia es la familia". Si hubieran decidido quedarse allí estoy segura de que nuestra vida hubiera sido muy distinta, creo que mejor, aunque nunca se sabe ¿no?
Vendieron el piso, y con el dinero que le dieron compraron un pedacito de tierra donde construir la casa de sus sueños. Algo por lo que sacrificaron su buen vivir en el norte, nos fuimos a un pisito de alquiler en el pueblo mientras que cualquier rato libre y fines de semana nos ibamos a la tierra a construir con nuestras propias manos nuestra casa.
Pasamos de vivir medianamente bien, con vacaciones no muchos lujos pero con un sueldo, el de mi padre que en Barcelona ganaba bien, a pasar fatigas para llegar a fin de mes.
Dinero que entraba, dinero que iba para comprar materiales para la casa.
De aquellos años de transicion lo que mas recuerdo es a Rocio.
Rocio vivía en el barrio de mi abuela, donde yo pasaba mucho tiempo. No ibamos juntas al colegio pero nos veiamos casi todos los dias.
Yo estudiaba en el mismo colegio que mi hermana, un colegio de monjas casi privado del que no guardo ningun recuerdo bonito. Era una niña regordita con gafas y el pelo por la cintura, siempre con uniforme y baby. Nunca tuve amigas en el colegio, compañeras solamente. Desde 3º de EGB me quedaba en el comedor  ( por que ya nos mudamos a la casita ) y a partir de 5º era interna. Es decir, entraba un lunes por la mañana al cole y no salia hasta el viernes.
No es que yo fuera timida, pero no supe integrarme en la vida del colegio. Siempre estaba sola, leyendo o a mi bola cantando por los rincones del patio. Mi hermana me regalo un tetris de la época y esa era mi mayor diversión. Soñaba con que pronto llegara el viernes para irme al barrio y estar con Rocio.
 En ese colegio se vivia de una manera ..... vamos que hoy dia sería denunciable muchas de las cosas que allí pasaban.
Los castigos, por ejemplo, eran de época de dictadura. Por hablar en el dormitorio te dejaban descalza en pijama toda la noche en la galeria.! Y cuidado no te fueras a sentar en el suelo¡ La Madre Carmen pasaba para comprobarlo.
Nosotras las internas, limpiabamos los baños, las clases, nos serviamos la comida y ademas cuidabamos a las pequeñas, todo eso con 11 o 12 años.
Jamás olvidaré una madrugada en la que me desperté con una monja armada con unas tijeras dispuesta a cortarme el pelo, sólo por que  a ella no le gustaba.
Cuando llegaba a casa los fines de semana me sentía totalmente una extraña.
Mi padre trabajaba a todas horas, si no en la obra era en casa. Mamá era mamá, nunca tuve mucha relación con ella en esa época, supongo que con lavarme la ropa de la semana y llevarme al barrio con Rocio creia que era bastante. Mi hermana siendo 7 años mayor que yo intentaba ser mi amiga y compañera de juegos. Ella estaba ya en plena adolescencia, envidiaba sus Lois elásticos y sus labios malva. Era preciosa.
Mecano, Depeche Mode, El último de la fila..... educaron mis oidos. Me encantaba bailar con ella y cantar como locas mientras haciamos las faenas de casa. Mi tata era la mejor. Nos daban las tantas de la noche contandonos secretos, aventurillas de amigos  etc.
Ella si se llevaba muy bien con mamá, sabia manejarla ( me decia ) cosa de la que yo era incapaz. Nuestras personalidades eran incompatibles. En cambio papá era mi heroé, siempre tranquilo y sosegado con una sonrisa en la cara. Si yo hubiera sido un niño habríamos compartido mil cosas mas.
Un 2 de febrero,sábado, mi madre mando a Merchi a que fuera al pueblo con su moto a comprar pan.Nunca olvidaré ese dia. A la media hora de irse nos llamaron por teléfono, un coche envistió la moto de mi hermana y se cayó de culo (concusilla rota ). Un chaval mas bien timido, corpulento y de una familia conocida por mis padres vió lo sucedido y la recogió. Era Pepe, el que al poco tiempo entró a mi casa como su novio. Yo era una niña de 9 años cuando lo conocí pero recuerdo que no me caía bien, él intentaba ser mi padre, y aunque siempre bromeando e intentando jugar conmigo, me parecia un hombre muy falso.
Mi tata estaba loca por él, renunció a su viaje de estudios por él, entre otros tantos sacrificios.

Bienvenid@s

He decidido compartir en este blog la historia de mi vida, tengo 31 años y he vivido algunas experiencias que quizá le sirvan de ayuda a otras personas, aunque egoistamente hablando, creo que este blog lo hago por mi.
Tengo necesidad de contar y expresar todo lo que he sentido y lo que siento.
Gracias por compartir vuestras opiniones conmigo.