viernes, 25 de marzo de 2011

CAPITULO IV Tristeza

Cuando Merchi me contó aquello me cabreé y mucho, yo pensaba que aunque Pepe no me caía bien, ellos como pareja se compenetraban y tenían una relación perfecta. Claro lo que no me imaginaba es que mi hermana me contaba de la misa la mitad.
Pasaron unos días y la situación estaba igual, yo le preguntaba a mi hermana ¿ te habla ? ¿ ha pasado algo ?
- No, no me habla, me ignora, se sienta en la mesa para que le ponga la comida y no me mira ni a la cara.
me decía.
Llegó el sábado y Merchi llamó a casa:
-Tata ¿está papá en casa?
-Si Merchi, está aquí, ¿por qué ?
- Coged unas cajas y venid a por mi, vuelvo a casa.

¡Perfecto! me alegré de la decisión, cogimos cajas de cartón, la furgoneta y nos fuimos para su casa. Cuando llegamos Pepe estaba en el salón, mi padre al entrar le dijo:
-Pepe, ¿que ha pasado?
- Ahí tiene usted a su hija, se la puede llevar.
- No te preocupes,-contestó mi padre- claro que me la llevo, ella tiene su casa.
Yo me puse con mi hermana a recogerlo todo, ropa, sábanas , toallas... era definitivo, Merchi se venia a casa para separarse.
Entré al salón a recoger cosas, él estaba allí sentado, viendo la tele. Sólo le dije una cosa:
- Como le hayas puesto la mano encima te corto los huevos.
El soltó una carcajada, sólo eso. No añadí nada más.

Esa noche la pasamos despiertas, hablando y llorando. Recuerdo una frase de mi hermana que no me entraba en la cabeza.....¿que voy a hacer sin él?
Vivir, le contestaba yo, tienes sólo 25 años, vivir Tata, vivir.
Entre lágrimas al fin se quedó dormida. Y yo no paraba de pensar, ¿ cómo se puede querer tanto a alguien? ¿ será eso el verdadero amor? Ella no sabia que hacer, pensaba que su vida estaba rota, que era una vergüenza que su matrimonio no hubiera funcionado, se sentía culpable de todo lo que había pasado. Y según me había contado fué por una tonta discusión y mucho orgullo.
A mis 18 años yo no lo veía claro. ¿ que había que pensar ? No iba a ser ni la primera ni la última en terminar su matrimonio, ¿ por qué era tan traumático?
Amaneció, me levanté a por un café mientras Merchi dormía, estaba destrozada, cuando vi el coche de Pepe llegar a casa.
- ¿Que haces aquí? Vete, mi hermana no quiere verte. Ya te llamará el abogado.
- Quítate de en medio niñata, esto no es asunto tuyo. Quiero hablar con ella.
Yo me puse a gritar echándolo de casa, pero salió mi madre y me dijo que no me metiera. Mi hermana salió y se fueron a dar un paseo y a hablar.
No habían pasado ni dos horas cuando volvieron. Ella venía sonriendo y me dijo:
- Tata me voy para mi piso, ¿ me vas a ayudar mañana a colocar las cosas?
No me lo podía creer, miraba a Pepe y él me clavaba la mirada de odio y prepotencia como diciendo: Ahí te quedas, me he salido con la mía.
Que iba a hacer, le dije a Merchi que si, que mañana la ayudaría y ya está.
Mis padres quedaron muy contentos con la reconciliación, y yo todo lo contrario. En los siguientes meses mi actitud con Pepe volvió a cambiar radicalmente; dejé de hablarle de nuevo. Sólo iba a casa de mi hermana si él no estaba.
En la hora del bocadillo le preguntaba a mi hermana todos los días, ¿ qué ? ¿como vais? y ella me vendía una película preciosa,:
- Pepe a cambiado, me ha comprado un regalo, nos vamos de vacaciones a Tenerife, me trata como una reina- me decía con una sonrisa.
Pero no, no me lo creía, su mirada era triste, muy triste. Y cuando dejaba de sonreír sólo se veía tristeza en su rostro.
Ella sólo tenia una amiga, una de verdad, Conchi. Muchas tardes al salir del trabajo yo la llevaba a su casa con la moto. Me caía bien, se notaba que le tenía afecto a mi hermana.
Había muchas cosas que no me cuadraban con la película de felicidad que Merchi me contaba. Por ejemplo, cuando me compraba un regalo, por mi cumpleaños o reyes, siempre me pedía que lo mantuviera en secreto, que no quería que Pepe se enterara. ¿ Por qué? ¿no le puedes comprar nada a tu única hermana?, le preguntaba yo. Me contestaba con excusas, justificando que él era muy ahorrativo y no quería gastar dinero.
Descubrí que Merchi veía a escondidas a Conchi, ya que él le había prohibido la amistad. Le espiaba incluso las llamadas.
Pero....¿cómo puedes permitirlo? , le preguntaba. Y es que yo era la rebelde, me decían mis padres. En un matrimonio hay que aguantar y ceder. "Eso es así de toda la vida de Dios" Una de las frases preferidas de mi madre. Lapidaria y definitiva en cualquier conversación.

Intenté mantenerme al margen, por que cada vez que daba mi opinión la loca era yo. Vivía mi vida como mejor podía, trabajaba, salía y entraba a mi antojo...
Tenia una moto amarilla con unas pegatinas con el numero 13, algo discreto, acorde a mi personalidad. Los fines de semana no me daba tiempo a nada, si no tenía campeonato de billar, tenía alguna actuación con el coro y el viernes y sábado noche eran para salir de fiesta.
Y que fiesta, disfrutaba de lo lindo. No era muy guapa ni tampoco muy buen tipo pero con mi labia.... ligaba lo que quería. Seguía sin querer enamorarme, los chicos como los pañuelos de papel, de usar y tirar, y tampoco se enteraba nadie. Y si se enteraban me daba igual la verdad. Las habladurías de pueblo nunca me han importado mucho. Me gustaba mi vida. Le contaba a mi hermana mis aventurillas, dimes y diretes y a ella le encantaba. Me decía que disfrutara, que eso era lo que me iba a llevar. Pero en el fondo yo la envidiaba a ella, tan trabajadora, justa, honrada e inocente. Cuando reía lo hacia sin complejos, como las carcajadas de un niño, abierta y sonora.

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