martes, 15 de marzo de 2011

CAPITULO III Lo que me dé la gana.

Una semana al año, casi todos los veranos me iba a Barcelona. Me tiraba todo el año esperando esos viajes.
Los días que pasaba allí son todos inolvidables, desde que me subía en el tren en la estación de mi  pueblo era todo una aventura. Siempre cogía el "Estrella Gibralfaro", un tren nocturno de compartimentos de 8 personas, preparando las maletas ya me temía a con quien me iba a tocar. Mis padres me dejaban en la estación, con miles de recomendaciones, "cuidado con el dinero, no hables con nadie, no te fíes de nada...." y yo como buena adolescente ignoraba sus consejos. En uno de los viajes de ida me tocó con unos hippies, pero de los buenos, de los que no se depilan y tienen un olor extraño, mezcla a rancio y marihuana. Me lo pasé genial hablando con ellos las 10 horas de trayecto. Me encantaba observar a los viajeros e imaginarme sus vidas, fumando entre vagón y vagón pasaban ante mi abuelas, ejecutivos, catetos (como yo) y todo tipo de fauna. Hice amistad con uno de los revisores, me contaba cientos de historias ocurridas en el tren, yo escuchaba fascinada y admiraba su vida viajera.
Los días allí eran otro mundo, o al menos así lo sentía yo. Educada y criada en un pueblo grande, la mentalidad era completamente distinta. La forma de vestir, de vivir al día, el estrés de las grandes ciudades... en cada rincón respiraba libertad. Raquel y su familia me trataban como una reina, " ya está aquí la cateta". Cuando quedábamos con sus amigos me encantaba entrar en debates sobre el radicalismo y el nacionalismo autonómico, aún con mi corta edad ya era una buena oradora y digna de mantener buenas conversaciones, modestia aparte. En fin, a los feos se les gratifica con buena labia.
Parte de esos días también me iba a casa de Rocío, ella vivía en una ciudad dedicada completamente al turismo y eso si que era otro mundo aparte. Pasear por ella era como caminar en la torre de Babel. Mis ojos abiertos a mas no poder no daban crédito a lo que veían. Eso ya no era libertad si no libertinaje¡¡  Una "pueblerina" por allí, se me notaba a la legua que la forastera era yo.

El resto del año mi vida era mucho mas rutinaria pero no menos emocionante. En la fábrica en la que trabajaba con mi hermana eramos casi 100 compañeros, la mayoría mujeres.
Mi labor allí fué muy variada, se puede decir que ejercí casi todos los puestos de la cadena. Dedicada al diseño, confección y distribución de moda infantil, los siete años de mi vida que pasé allí no tienen desperdicio. Empecé en el control de calidad, abrochando botones y haciendo lacitos a los vestidos, pasé por el almacén ejerciendo funciones de mozo, por diseño preparando los muestrarios... en fin. Pero el puesto que mas me gustaba, aunque el más duro, era la plancha. Eran 10 duras horas en una plancha industrial como las de las tintorerías. Planchando a toda velocidad por que había que llegar al tope de objetivos, era genial, una fila de 20 mujeres uniformadas con bata blanca, con la radio de fondo entre el ruido de las maquinas de vapor y las mesas de aspiración, y entre todo ese ruido alguna compañera más y yo cantando, me picaba con Rosa que cantaba muy bien a cantar copla, el jefe, José se apollaba en un carro de prendas a mirarnos y controlarnos que lo hacíamos bien, y en alguna ocasión soltaba un olé que otro. Cuando tocaba la sirena del desayuno salíamos pitando, solo eran 15 minutos. Yo me subía corriendo a la oficina para pasar ese ratillo con mi hermana. Al salir la mayoría de los días la llevaba a su casa con mi moto. La verdad, echo de menos esos tiempos. La comida de navidad era genial, nos juntábamos todos y siempre terminabamos con una juerga flamenca. Los días siguientes estaban siempre llenos de cotilleos de todo lo que había sucedido. Que si fulanita con menganito... que hay que ver que cogorza llevaba la otra... en fin, se echa de menos ese buen ambiente.
Yo tenia un medio rollete a escondidas con uno de los del almacén pero un rollete sano. A ver, yo no he sido de tener novio, ni lo he querido. He sido de hacer lo que me daba la gana. Salía los fines de semana con mis "amigas" a pasármelo bien. Si me gustaba algún chico y encartaban unos besos pues estupendo, pero al día siguiente  por mi parte si te he visto no me acuerdo. Me negaba completamente a enamorarme.
Mi madre me reñía diciendo que me iba a quedar solterona, por que claro si tienes mas de 18 años y no se te ha conocido novio formal, pues casi tienes la vida echada por alto. Mentalidad de pueblo, eso es así. Yo le contestaba diciéndola que me iba a quedar soltera para cuidarla a ella que ni se le ocurriera prepararme ajuar.
Pero para mucha gente yo era una oveja negra, no quise estudiar, me corté el pelo a rape, fumaba,me hice el primer tatuaje.. una rebelde vamos. Y así me veían también mis amigos, siempre he tenido una personalidad muy marcada, nunca he seguido las modas ni las corrientes musicales  y mucho menos los grupitos de gente con estilo marcado. Era un poco perro verde pero muy feliz. Me gustaba jugar al billar, me iba a entrenar cuando salia del curro y algunos fines de semana jugaba campeonatos, se me daba bien y me sentía importante ya que no era muy normal que una chica se aficionara a ese juego, era un entorno completamente masculino. Otra de mis aficiones era cantar, empecé a moverme por entornos flamencos, participaba con un coro romero y también tenía alguna que otra actuación en solitario. Se me daba bien.
Me encontré entonces con 3 grupos de amigos completamente distintos y sin ningún lazo de unión entre ellos, pero yo encantada. No tenía tiempo para nada entre unas cosas y otras y tenia una gran vida social la verdad.

Y llegó la boda, un 16 de marzo Merchi y Pepe decidieron casarse. En la iglesia más importante del pueblo y casi con 400 invitados. En casa teníamos a varios de ellos. La mañana de la boda la verdad me levanté sin ganas de nada. Mi hermana se levantó temprano para irse a la peluquería y yo bajé con la moto al pueblo a por las alianzas que estaban encargadas y a ultimar algunos detalles de las flores. Cuando mi hermana regresó de la peluquería ya la estaba esperando el fotógrafo y corriendo acudimos a vestirla mi madre y yo. Cada vez que la miraba a la cara yo solo tenía ganas de llorar. Estaba feliz, mi hermana parecía una niña pequeña subida en una noria, ilusionada, emocionada, con una sonrisa preciosa posaba como una princesa para las fotos. La luz de sus ojos iluminaba toda la casa. Yo no podía mirarla, cada vez que lo hacía se me saltaban las lágrimas, no sé por que. No eran lágrimas de alegría y tampoco de nerviosismo, no sé, pero simplemente era un nudo intragable en la garganta que no me dejaba ni respirar. Y se casó, entre todos los invitados yo pasé completamente inadvertida o así lo quería yo. Merchi estaba tan feliz, nunca la volví a ver sonreír así. Venían a comer a casa todos los domingos, y aunque nos veíamos todos los días en el trabajo, compartiamos horas de conversación y de secretos, mi hermana siempre fué mi defensora. Le decía a mi madre que me dejara vivir, que tenía la cabeza bien amueblada aunque ellos ( mis padres ) no lo creyeran. Yo la admiraba a ella, era el ejemplo a seguir para cualquier adolescente. Merchi no fumaba, no bebía, era super responsable y educada, inteligente y tenaz. De cara a la galería un ejemplo a seguir de mujer trabajadora y excelente esposa y ama de casa. Eso era lo que ella nos vendía.
Hablabamos de muchas cosas pero nunca me contaba nada de su relación de pareja, lo respetaba por que Pepe no era santo de mi devoción.
Llevaba un par de años casada cuando un día en el trabajo al notarla con ojeras y mala cara me confesó por fin que tenía problemas. Me contó un episodio que le había pasado unos días antes y que desde entonces Pepe no le hablaba y ella se sentía impotente por que no sabia que más hacer.
Por fin empezó a desahogarse conmigo, una noche en la que estaban cenando en su piso mientras veían la televisión, comenzaron a discutir, no me contó muchos detalles de ésta pelea pero Pepe terminó espurreando una botella de vino por las paredes y el techo y con una frase lapidaria terminó la discusión. " ahora como eres una mujer lo limpias y lo friegas todo, y cuando termines, te acuestas en el sofá, que si tengo ganas de follar ya te avisaré yo"

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