Se suele decir que el cambio de niña a mujer se produce sobre los 12 años, yo cumplí los 12, los 13 y alguno más y seguia siendo esa niña regordita, con gafas gruesas y el pelo muy largo. No tenía complejos, y nunca los he tenido.
Entre mis compañeras de colegio no era nadie a destacar, pasaba inadvertida entre el "grupo de deportistas" entre las "guays" y tampoco se me podia clasificar entre las mal vistas.
Me dareis la razón cuando digo que en tu pubertad o formas parte de un sector o no eres "nadie". Yo no lo era, pero tampoco me importaba, el formar parte de algo no era mi objetivo. Nunca tuve problemas con ninguna compañera, me solía apartar en las discusiones, pero tampoco forjé gran amistad con ninguna. Hoy miro atrás y recuerdo a algunas con nostalgia y pienso, ¿por que no hablé más con fulanita? ¿ por que no me dejé ver tal y como yo era? Tampoco es que me arrepienta de no haberlo hecho, simplemente transcurrió así, eso no quita que no guarde gratos recuerdos de la época, alguno que otro hay. Mis notas no superaban la media, no era deportista y al estar interna tampoco tenia muchas relaciones sociales. Lo lógico en esos años es quedar por las tardes con las compis en la plaza y comer pipas, yo eso me lo perdí. En lo único en lo que destacaba era en la música.
Mi hermana ya estaba terminando administrativo en esos años, estudiaba y trabajaba a la vez. Envidiaba su constancia, se iba al instituto a las 8 de la mañana, se salía de las clases una hora antes y se iba a trabajar a una fabrica de confección hasta las 10 de la noche. Cuando llegaba a casa con las muñecas abiertas de doblar camisetas, cenaba y corriendo a estudiar, la recuerdo de madrugada en la mesa del dormitorio con una taza de café y el flexo encendido haciendo cálculos sin parar. Parecía incansable, ella me reprochaba mi ley del mínimo esfuerzo, decía que como no aprovechaba la facilidad que tenia para estudiar, nunca lo hice. La noche antes del examen me leía la lección y poco más, con eso me bastaba para el suficiente.
Me saqué el graduado sin pena ni gloria, entregué el uniforme en el colegio el último día y ni siquiera fuí a recoger el título. Me daba como grima volver a cruzar esas puertas.
Y empecé el instituto, un cambio abismal, colegio mixto, ropa normal, empecé a sentirme yo misma.
En 3º de Secundaria me presenté incluso para representante del alumnado en el consejo escolar, ¡ y me eligieron ¡ Era popular¡ Destacaba en inglés y música, sobre todo en música, por mi forma de cantar. Me llevaba mejor con los chicos que con las chicas, no sé por que la verdad.
Terminé la Secundaría y decidí que no quería seguir estudiando, ahí empezó el cambio.
Mis gruesas gafas se convirtieron en lentillas, mi larga melena por un corte radical a lo "garcon" y mi estuatura ya superaba la media. Mi timidez por descaro , poder de decisión y personalidad ya muy marcada.
Empecé a trabajar en una empresa de confección de ropa infantil, mi hermana trabajaba allí en la oficina desde antes de terminar sus estudios. Por fin la diferencia de edad entre ambas llegó a pasar desapercibida. Empezábamos a ser amigas, amigas de verdad. En ese año ella ya tenia planes de boda. Era su ilusión, bordó sus toallas con las iniciales de los dos, preparó el ajuar con esmero, se la veía plena de felicidad. Pepe lo era todo. Él era operario en una fábrica de envases, deportista, sano, educado, vamos el novio que todo padre quiere para su hija. Un chico formal y conocido de siempre.
Aún así yo no lo tragaba, no sabría decir muy bien por qué pero no era santo de mi devoción. Cuando venía a casa el procuraba ejercer como de padre , a ver si me explico, me broncaba por mi forma de ser, me decía que como mi padre me podia permitir todo lo que me permitia, que era un calzonazos por dejarme fumar, por salir y entrar a mi antojo...
Una tarde de verano, creo que era fin de semana, mis padres no estaban en casa. Yo estaba sola, estaba leyendo y fumandome un cigarrito al sol, cuando llegaron Pepe y mi hermana. Al llegar mi hermana me regañó por no haber tendido la ropa que estaba en la lavadora y le dije que ahora lo haría, ella se metió en casa y él empezó a regañarme también, como la mayoría de las veces pasé de él diciendole lo tipico...
- que me dejes chaval, que a ti no te importa, paso de ti.
y él más se cabreaba, empezó a gritarme y por lo tanto yo a él también, me importaba muy poco su estatura y su genio, mi orgullo me enervaba mas todavía cuando empezó a nombrar a mi padres culpándolos por mi "pereza" y "mala educación", en un momento y sin saber como me levantó la mano de forma amenazante, ¡me quería pegar¡ y ahi fué cuando ya estallé.
Mi hermana salió de la casa alarmada por los gritos, y me encontró echándolo literalmente de mi casa. Le pedí las llaves de casa, que las tenía no se por qué, y le dije que se fuera. Merchi intentó mediar entre nosotros pero sin resultado. Pepe se fué entre lágrimas de mi hermana. Nunca imaginé las consecuencias de aquella discusión.
Intenté consolar a mi hermana, ella lo defendía diciendo que los dos teníamos mucho caracter y que por eso chocabamos, que intentara saberlo llevar, que a Pepe había que saber tratarlo, que era su forma de ser.
Desde mi orgullo adolescente mi respuesta fué, " pues aprende a llevarlo tú, el perro no es mio" "yo no tengo por que aguantarlo" Ni siquiera mis padres me han levantado la mano de forma amenazante nunca, tenia muy claro que no se lo iba a permitir a nadie, y mucho menos a él.
Las consecuencias de este episodio dieron mucho de si. Tuve la correspondiente bronca de mis padres, y mi hermana la bronca de su novio ( hoy dudo en los términos de aquella bronca ). Pepe no venía a casa si yo estaba, si mi hermana esperaba su visita me pedía por favor que me fuera a dar una vuelta o a tomar un café, yo encantada por no tener que cruzar palabra con él.
Pero mi relación con mi hermana no cambió, al contrario, creo que se estrechó aun más.
Pronto empezó a acercarse la fecha de la boda, y Merchi me pidió que limaramos asperezas. Y lo intenté, lo hice. Aunque él y yo jamás volvimos a hablar de aquel episodio, volvimos a hablarnos. Él creyendo que yo lo había olvidado todo, volvió con su actitud de "colega paternalista", yo, que para nada habia olvidado, le dirigía la palabra con respeto y sin mucho aprecio la verdad.
Empecé a observar su actitud, su forma de ser, y cuanto mas veia, más me incomodaba su presencia.
Yo ya tenia mis 16 añitos, y convertida en una "mujercita" ya salia por la noche con mis amigas y empezaba a tontear con los chicos, bueno amigas, en realidad hoy cuento con los dedos de una mano las que son amigas de verdad, pero en aquella época eran buenas amigas. Rocío se fué a Cataluña antes de empezar el instituto, sus padres emigraban como los mios para buscar un futuro mejor. Ella si era mi amiga, es mi amiga. La distancia reforzó aun más nuestros lazos. Seguiamos compartiendo nuestros mayores secretos, confidente y "hermana" siempre juntas aunque con 1000 km nos separaran.
Me reencontre con Raquel, aquella vecinita catalana con la que compartía juegos en mi niñez y con la que comía canelones. Un verano mis padres me dejaron viajar sola a Barcelona, pararía en casa de mis tias, pero tendría la oportunidad de estar con Rocío y Raquel. Fué estupendo. Después de 10 horas de tren en un viaje nocturno, llegué a una ciudad que aunque nueva para mi, me embargaba de recuerdos y anhelos. Bebí en la fuente de Canaletas de la mano de mi primo Kiko, y desde ese verano intenté volver todos. Mis primos, casi todos mayores que yo, eran de la generación de mi hermana, y musicalmente compartí con ellos muy buenos momentos y algún que otro secretillo de mi hermana je je. Los días que pasaba con Raquel subiamos a su "torre" y me trataban como una reina, "la cateta" me siguen llamando, y con mucho orgullo¡¡ Daría mi mano derecha por Rocio y mi mano izquierda por Raquel. Eso son amigas.
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